miércoles, 27 de marzo de 2013


¡Qué bella comunión tenía Clara con el legado de su tío!
“Barrabás” era su nombre, fiel compañero de la clarividente. Sí, correcto. De la mismísima Clara. “Clara la clarividente”. En la sangre llevaba la particularidad y naturaleza de su tío: “siempre en otro mundo”.

Clara es una mujer especial, que durante “su vida” nos deja en su huella aprendizajes. Quizás tú me puedes decir: ¡pero cómo vamos a aprender de quién no le toma peso a las cosas! ¡De alguien que vive pero quién sabe dónde! -en el sentido mental, claro-. Y yo te digo: "Sí, se aprende. Desde afuera se aprende. Trueba, su esposo, aprendió mucho de ella, al igual que toda la gente que conoció y ayudó. Sus cercanos comprendían sus particularidades y se acostumbraron a convivir con ellas". 

-Dije Trueba-  el príncipe del desierto… no me van a creer. Hoy me aterroriza ¡¿Cómo pudo cambiar tanto?!
-tal cual-
De cierto modo se entiende. Sufrí de catarsis mientras me enteraba del desconsolado final de su más anhelado sueño. “La bella Rosa había muerto”. El paso de mi lectura destrozaba la ilusión de amor que estaba idealizando en mi mente. Es que cómo, justo cuando este hombre creyó alcanzado el objeto que llevaba a su felicidad compartida con la bella Rosa, sucede esta desgracia. –Sin comentarios- 

Quisiera decirles con detalles en que se convierte “mi ex” adolorido Trueba. Hoy cuando ya he recorrido la mayoría de los capítulos, me aburre y perturba cuando vuelvo a leer de él. Nunca volvió a ser el mismo. –Para nada-.

Ya nada de “pobrecito Trueba, tanto que sufre él”. A esta altura, nada de lo que le ocurre es producto del azar. Suena frío y cruel de mi parte, después de que poco menos era “mi hombre  ideal”. Es lamentable. Hoy su talante me provoca el olvido ascendiente de su antigua persona.
Reitero: Sin comentarios.

En fin. como les decía... 
Pero ¿qué tan particular y distinta podría ser Clara? Sinceramente sí, también me costó aceptarlo. Ella era diferente. No es fácil aceptar el pacto de lectura ante un personaje como este. Escapa de mi conocimiento y también creo que podría del tuyo. 
Mientras leía las páginas que destacaban sus peculiaridades, me preguntaba: ¿cómo sería si mi madre se comportara como ella? ¡Oh no! ¡¿Qué sería de mí?! Lo digo poniéndome en el lugar de Blanca, su hija, quién sin duda no podía escapar tampoco del característico ingrediente de esta familia.

¡¿Qué más se puede esperar de los Trueba?!

0 comentarios:

Publicar un comentario