Desde
tiempos inmemorables la lucha incansable del ser humano se ha ido forjando. Son
incontables los motivos de querella que tristemente gobiernan en el ámbito
negativo. No obstante, la capacidad crítica de nosotros los seres humanos, el
intelecto, la razón y la sensibilidad, vale decir, los sentidos, los sentimientos,
son dones divinos que no se comparten con otros primates; -no lo hacemos-. Nos
sentimos satisfechos las veces que vemos en programas de televisión, cabe
destacar, National Geographic (revista
educativa que trata artículos relacionados con geografía, ciencia, historia,
cultura, eventos actuales y fotografía), que nos deleitan con estudios acerca
de la increíble máquina humana que somos. Podemos asombrarnos miles de veces, y
nunca nos cansaremos de orgullosamente decir “somos maravillosos”. Sin embargo,
a pesar de todas las cualidades positivas, más bien, grandiosas que merodean
acerca de nosotros por nosotros mismos, no demoramos nada en echar a todo pié
abajo.
¿Qué torpes no?
Yo me pregunto, ¿dónde quedan nuestras capacidades si nos
comportamos como bárbaros? ¡Qué da! ¡Si hoy el insulto no es hacia nosotros
cuando nos tratamos de salvajes o animales, sino a ellos, los mismos animales,
al tratarlos de personas y humanos! ¡Dónde! ¿Dónde queda nuestro intelecto,
nuestro razonamiento, si la crueldad, la indiferencia y el orgullo nos brotan
por los poros? Lo hemos vivido, lo “han vivido”… El horror, la desgracia de
grandes guerras mundiales, el exacerbado poderío de algunos, sucedieron,
suceden, y algunos escriben por otros que sucederán o que ya ocurrieron.
George Orwell lo dijo, es más, lo escribió. ¿Notan lo
importante?, “nos guardó una copia”, que a personas de tiempos anteriores les habló
de su presente y que a otros, es decir, nosotros, nos habla de un pasado que
evoluciona en un hoy reflejando cualidades negativas que él mismo escribió. Este hombre fue más preciso, le puso hasta una fecha a sus
casuales expectativas de un futuro no muy lejano. El año elegido fue 1984, que
más tarde pasó a ser el titulado de su obra en origen a un acuerdo de editores
con motivos comerciales, siendo anteriormente nombrada por él como El último
hombre de Europa. También fue creativo,
se disfrazó del protagonista de su novela, relatando desde allí dentro un mundo
colmado de crueldades, visiones erróneas, leyes malditas y falta de derechos,
que a “vista gorda", corresponden a una distopía (ficción), un
mundo distinto y aparte del que conocemos que es el propio, pero que a
diferencia de la utopía, es macabro e indeseable. Aquel protagonista, refugio de este autor, fue
Winston, ente que representa la agonía de una sociedad no muy distinta a la
nuestra. Es más, expertos opinan y concuerdan en una posible similitud con la hoy existente… Es que no creen que hablar de
inigualdad, desesperanza, privación e individualismo, ¿es hablar del tiempo que
nos pertenece?
Un mundo entero
verás volcar en la obra de Orwell, y a su protagonista, Winston, luchar contra
la corriente, buscando escapar de aquella canalización rumbo a la desgracia del
ser humano. La sensación de que existe alguien que en todo momento sigue tus
pasos y conoce tu rombo, hasta tu pensamiento, será pan de cada día si atreves
a verbalizar la historia y vida de personas como nosotros. He aquí, donde irregularidades de nuestro
presente, aquellos hechos a los que no hallamos posible explicación,
encontrarán nombre y definición. Será en este lugar, donde hallarás las piezas perdidas
del rompecabezas que cautelosamente vas formando al paso de los días, de tu
vida. Piezas claves, atiborradas de significado y conocimiento.
1984 no es
cualquiera, no señor. Trescientas cincuenta páginas fácilmente te la puedes
devorar, gustándote o no la lectura de una novela cualquiera. Con esta pasa
igual, si es que te comportas como una persona ciega y acostumbrada al pisoteo
de los otros, en simples palabras, si no haces uso de tu "cabecita". De lo
contrario, puedes deleitar tranquilamente el sabor del material que George ha
puesto en su obra. Meditar y comparar a la actualidad con cada detalle; con
cada pensamiento de Winston. Sumergirte en el libro y pisar las huellas frescas
de este protagonista, que no es más que un disfraz de Orwell, y ser la “Policía
del pensamiento”, sin querer…
¿Te atreves a
pensar? ¿A desempañar este espejo para luego hacer tu propia síntesis y
comparar aquella, que dicen llamar distopía, con el mundo que nos rodea?

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