Existen investigaciones en relación a las supersticiones, que demuestran que las personas basan sus ideas en creencias o prácticas que a su vez influyen en ciertos ritos que pasan con el tiempo, a convertirse en costumbres de una determinada comunidad. -Estos recursos son utilizados en gran medida por el escritor Gabriel García Márquez en sus obras-. Y no por el simple gusto suyo o idea cualquiera, queridos lectores. Márquez era colombiano. De allí, uno de los mayores exponentes del siglo XX. Es decir entonces, que su intención era profunda y rebuscada: estampar la identidad propia en sus creaciones.

Doce cuentos peregrinos (1992), es una de ellas, una de sus tantas célebres producciones literarias fruto a los temas que aborda. Cabe señalar dentro de las características de esta obra que “han dado que hablar”, la heterogeneidad, las creencias o prácticas costumbristas, y la añoranza del extranjero en tierras lejanas, en específico, “Europa”.

“No es de extrañar que un latinoamericano que vive en Europa escriba a su origen, su tierra: Latinoamérica”; “Dicen que las raíces llaman”. Pero lo que sí, es el modo con el que este busca estampar aquel anhelo en sus páginas. -Es aquí donde quiero enfocarme-

Quizás podemos decir que los temas, las historias, son un tanto aburridos, predecibles, pero pongan atención a lo que les digo. ¿No creen que para poder identificarnos, nosotros como latinoamericanos, necesitamos cuentos con estas cualidades? ¿Relatos ordinarios y verosímiles? Créanme, tuve que mirar desde este otro punto de vista para poder sacar estas conclusiones. Pero aun así, no puedo incluir todo en un mismo saco. Como les conté en las otras entradas, hubo un cuento que cabalmente llamó mi atención: Solo vine a hablar por teléfono.

Gabriel García Márquez, tal vez, dentro de sus objetivos, buscaba el poder mezclar costumbres europeas con latinoamericanas. Darles la sazón híbrida. Lo que no sé, es que  si logró dar cuenta de que a la vez, profundizó en un aspecto paralelo al tema del hombre lejos de sus raíces: la soledad. Además de ser el escenario europeo el que une a estos doce cuentos, también lo es aquella. Es más, diría que es el motivo real que unifica la colección, por encima de lo que es la perspectiva espacial.

Luego de haber leído cada uno de los relatos logré entender lo que les cuento, y tan solo con esta frase: “qué solo se sentía este viejo” ¿Y saben? cada uno de sus cuentos, sin importar si eran de mi agrado o no, me transportaban a lugares lúgubres, fríos y húmedos. Y es lo bueno que rescato de cada una de las historias que no me pasmaron, por así decirlo, con sus temáticas o situaciones. Porque, como ya había contado, me identifico profundamente con estos ambientes, y no en un aspecto negativo;  a mí me agradan, son parte de mi personalidad, de mi música, mi esencia.

El individuo, el personaje que Gabriel García Márquez crea en sus historias, puede cambiar de género, edad, humor, ideales, pero no así su idiosincrasia. Me imaginaba, que en conclusión, cada uno se decía hacia sus adentros: “este lugar no es el mío”,  que en algunos cuentos se logra evidenciar  con el pensamiento del protagonista,  pero en otros, nosotros como lectores, lo podemos identificar en sus actuares, sin que ellos nos hablen.

Doce cuentos peregrinos tiene mucho que aportar a la literatura, ya sea latinoamericana o mundial. Posee un enfoque crítico muy enriquecido, obteniendo resultados profundos y novedosos.
En fin, desde mi punto de vista, puedo decir que como no existe persona igual en la tierra, las opiniones son infinitas y desiguales, por ende, existe una historia de García Márquez para cada uno. Así como lo fue para mí la situación que debió enfrentar María, luego de haber sufrido una complicación en la que su auto se había averiado…

Si haces las cosas bien, hazlas mejor. Sé audaz, sé el primero, sé diferente, sé justo… Sé aquel que encuentre primero su lugar en alguna de estas historias peregrinas.


Para conocer más acerca de su autor y la relación con su país natal, les dejo el siguiente video:




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