sábado, 25 de mayo de 2013

                                                                       (El avión de la bella durmiente)

“Una mente vasta y crítica, requiere de un amplio conocimiento del mundo y de los que lo compone”. A este hombre, pienso que quizás le habrá faltado un poco.

Todo comienza en el aeropuerto  Charles de Gaule, Paris. Es aquí donde nuestro personaje pierde el juicio por una bella dama.
No solo bastó el haberlo desconcertado con el simple pasar. Esta cortesana cogió el mismo avión, y es más, el asiento contiguo a él, su víctima, todo a causa del destino.

Largas fueron las ocho horas de viaje que nuestro inocente amigo tuvo que soportar, lidiando con el candente deseo de tan solo ser dueño de un gesto de su contigua dama que yacía en su asiento dormida. Sin embargo, solo fueron largas en su silencio. Por el contrario, se le fue por las manos admirando, analizando y disfrutando la belleza angelical que sus virtuosos ojos podían apreciar.


En vista de un simple análisis, la situación escapa en belleza, amor y admiración. Pero queridos lectores, aquella no es la esencia, -al menos para mi-.
Llamo inocente, ingenuo y hasta victima a nuestro protagonista. Pues la escena de la cual es cautivo no le es saludable. Aquella mujer, quizás merecía los mayores presentes en honor a su deslumbrante perfección, pero solo por aquella exterior, puesto que blasfemias merecía su persona interna.
Inocentemente nuestro caballero se hacía preguntas como “¿quién iba a creerlo? Yo, anciano japonés a estas alturas”, y se acriminaba con pensamientos que le correspondían en totalidad a la dueña de su aturdimiento, que ni por eventualidad alguna dedicó un “hola”  a aquel cautivo.

¿De qué le valió aquel tormento, el poder verla y a la ves quererla, si para ella solo fue un compañero de asiento que no mereció un gesto alguno solo porque no estaba en sus planes quizás, cuando él desveló sus pensamientos y sentimientos por ella? De nada vale el sufrimiento de nuestro inocente protagonista, al fin y al cabo solo termino como un mero peregrino de todos aquellos deseos que no llegan a ser correspondidos.


“Hay que tener interés por el mundo que te rodea mi queridísima y no estaría mal acompañado de un poco de educación”

Los invito a profundizar un poco más en el tema, a través dela opinión de Mónica Jauregui (méxico), crítica tranceúnte de www.tubreveespacio.com


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