“También por qué no decirlo: me llama mucho la atención el adjetivo “peregrinos”, ¿a qué se referirá? Según mi conocimiento, alude a viajeros o a desventuras que experimenta un elemento durante una jornada.”
Esta había
sido una de mis incógnitas en la primera entrada, y más tarde cuando apenas
comenzaba mi lectura, me encontré con la respuesta, sin más ni nada menos, que
del propio Gabriel García Márquez, en el prólogo titulado ¿Por qué doce?¿por
qué cuentos? ¿y por qué peregrinos?...
Los doce cuentos de este libro fueron escritos en el curso de los últimos dieciocho años. (…) Ha sido una rara experiencia creativa que merece ser explicada (…). La primera idea se me ocurrió a principios de la década de los setenta (…).Durante unos dos años tomé notas de los temas que se me iban ocurriendo sin decidir todavía qué hacer con ellos (…). Llegué a tener sesenta y cuatro temas anotados con tantos pormenores, que sólo me faltaba escribirlos.
Los dos primeros —El rastro de tu sangre en la nieve y El verano feliz de la señora Forbes— los escribí en 1976 (…). A mitad del tercer cuento, sentí que estaba cansándome más que si fuera una novela. Lo mismo me ocurrió con el cuarto. Tanto, que no tuve aliento para terminarlos. (…) Recuerdo haber tenido el cuaderno sobre mi escritorio de México, náufrago en una borrasca de papeles, hasta 1978. Un día, buscando otra cosa, caí en la cuenta de que lo había perdido de vista desde hacía tiempo.
Tratando de recuperarlos a cualquier precio, en un trabajo tan arduo como escribirlos, logré reconstruir las notas de treinta y conservé dieciocho. Esta vez me animaba la determinación de seguir escribiéndolos sin pausa, pero pronto me di cuenta de que les había perdido el entusiasmo. Sin embargo, al contrario de lo que siempre les había aconsejado a los escritores nuevos, no los eché a la basura sino que volví a archivarlos. Por si acaso. (…) En poco más de un año, seis de los dieciocho temas se fueron al cesto de los papeles (…) Los cuentos restantes, en cambio, parecieron tomar aliento para una larga vida. (…) Hubieran terminado su incesante peregrinaje de ida y vuelta al cajón de la basura, de no haber sido porque a última hora me mordió una duda final. (…) quise comprobar la fidelidad de mis recuerdos de las ciudades de Europa casi veinte años después, y emprendí un rápido viaje de reconocimiento a Barcelona, Ginebra, Roma y París. Ninguna de ellas tenía ya nada que ver con mis recuerdos. (…) reescribí todos los cuentos otra vez desde el principio en ocho meses febriles. (…) Creo haber logrado así el libro de cuentos más próximo al que siempre quise escribir.
… ¿Entonces?
Les cuento
que me impresiona lo interesante que es, por así decirlo, “la vida” de estos
cuentos agrupados en la obra de Gabriel. El haber pasado por filtros que en un
aspecto negativo fueron dejando muchos relatos en el camino, pero que en uno
positivo, permitió que se concretaran aquellos que si merecían la existencia;
es una cuestión espontánea, del destino.
Quise hacer
esta pausa para mostrarles por medio de las propias palabras del autor, la
intención del titulado de su obra. Compartirles mi duda y que ustedes en sus
“cabecitas” analicen y creen en ellas sus propios análisis.
Sin duda,
más motivos para aumentar mis ganas a seguir leyendo.
Buena suerte mi querida Constanza…

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