domingo, 23 de junio de 2013

Por fin…
Noo, ¿de verdad? -no me gustó-. Es que la literatura es un arte, y Gabo debió haber hecho un exacerbado uso de ella, por algo es ¡ARTE!; es que para leer hechos tan llanamente cotidianos como la mayoría de sus relatos peregrinos, mejor salgo a la calle y me ahorro la lectura. Pero bueno, es mi punto de vista estimados lectores. Lo más probable es que piensen distinto, se los digo porque lo compartí con muchos compañeros de curso, y algunos ¡casi me golpeaban!

Pero ya no va al caso: “pázáó pízáó” (como dice una compañera que le encanta imitar el estilo “flaite” de algunos jóvenes de nuestros tiempos). Esta vez, comenzamos con el pie derecho. “Sí que sí”. Le dimos un giro de 180 grados a  Doce cuentos peregrinos. “Mi profe le dio al clavo”.

¿Han escuchado hablar del libro 1984? ¿Aquella distorsión que en vista de críticos goza de exacta proporción y forma y que describe un futuro basado en el absurdo de hace unas décadas atrás?
¿Qué extraño nombre no? Qué curioso, llama la atención que como título tenga una fecha, un año. Tal cual como me gusta. Fuera de lo común: era lo que necesitaba. Eso sí que me temo que en este caso al igual que con Don Quijote de La Mancha tengo un pequeño conocimiento previo: “cultura general”. Esto se debe a que mi profesora de Lenguaje y Comunicación se ha preocupado de acrecentar nuestro conocimiento cultural en cuanto a libros, obras y autores conocidos. Entre ellos, cabe destacar, al igual que la obra Cervantina  a la incomparable distopía de George Orwell.

Estimados, he aquí 1984 ¿Pero quién fue su autor, al que llamamos George Orwell? Y ¿a qué nos referimos al decir distopía?

Ensayistas y críticos como Orwell  que estampan sus pensamientos de forma creativa, son como “agujas en pajales”, más cuando se trata de aquellos que en tiempos tan difíciles buscan el poder expresar ideas y pensamientos en contra de un sistema beligerante que no les da cabida. George criticó al totalitarismo. Fue un hombre que experimentó en carne propia la injusticia social que vivía la clase trabajadora de Londres, capital de Inglaterra. Y fue, de este modo, uno de los pocos que se atrevió a hablar sobre la cruda realidad que se vivía entre la década del 30’ y el 40’ tras la implementación de regímenes totalitarios, a través de una grandiosa herramienta que denominamos literatura.

En cuanto a la etimología del término distopía, decimos que se construyó a partir del griego "distopía" (dis-topía), es decir, del prefijo adverbial "dis" (mal) y del sustantivo "topos" (lugar),  refiriéndose de este modo al concepto de “antiutopía” que se describe como una sociedad ficticia indeseable, un mundo contrario al que Tomás Moro creó en su obra titulada Utopía, concepto que él mismo fundó. Por lo general alude a miradas desalentadoras y apocalípticas que son origen de la imaginación subordinada del autor por la situación que enfrenta, vale decir, el mundo y sistema al que debe apelar…

No quisiera hacerme ilusiones, Doce cuentos peregrinos me dejo con las ganas… ¡Pero qué más da, no metamos a todos a en un mismo saco! Me parece estupendo conocer un mundo distinto, que bueno, si lo vemos desde un punto de vista crítico, realmente no se aleja mucho de la realidad, del poderío de algunos, de la inigualdad…

En fin, qué les parece: otro libro, otra historia, ¡otro estilo! “Una distopía”… ¡interesantísimo!
Ya me comen las “patitas” para ir a mi dormitorio a buscar el libro que me espera tan impacientemente, o mejor dicho, “espero” tan impacientemente.
Junio es un mes complicado. ¡Se nos junta todo en el liceo! Pero qué más da…
¿Leamos? Intercambiemos estrés por un poco de diversión.

                                                                                           ¡Por ti voy 1984!

Ps: Aquí les dejo un tráiler de lo que fue la película de esta gran obra. Atrévanse, sería bueno que leyesen y luego vieran esta producción.

Es lo que haré en mis vacaciones de invierno…  

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