Por fin…
Noo, ¿de
verdad? -no me gustó-. Es que la literatura es un arte, y Gabo debió haber
hecho un exacerbado uso de ella, por algo es ¡ARTE!; es que para leer hechos
tan llanamente cotidianos como la mayoría de sus relatos peregrinos, mejor
salgo a la calle y me ahorro la lectura. Pero bueno, es mi punto de vista
estimados lectores. Lo más probable es que piensen distinto, se los digo porque
lo compartí con muchos compañeros de curso, y algunos ¡casi me golpeaban!
Pero ya no
va al caso: “pázáó pízáó” (como dice una compañera que le encanta imitar el
estilo “flaite” de algunos jóvenes de nuestros tiempos). Esta vez, comenzamos
con el pie derecho. “Sí que sí”. Le dimos un giro de 180 grados a Doce
cuentos peregrinos. “Mi profe le dio al clavo”.
¿Han
escuchado hablar del libro 1984? ¿Aquella
distorsión que en vista de críticos goza de exacta proporción y forma y que
describe un futuro basado en el absurdo de hace unas décadas atrás?
¿Qué extraño
nombre no? Qué curioso, llama la atención que como título tenga una fecha, un
año. Tal cual como me gusta. Fuera de lo común: era lo que necesitaba. Eso sí
que me temo que en este caso al igual que con Don Quijote de La Mancha tengo un pequeño conocimiento previo: “cultura general”. Esto se debe a que
mi profesora de Lenguaje y Comunicación se ha preocupado de acrecentar nuestro
conocimiento cultural en cuanto a libros, obras y autores conocidos. Entre
ellos, cabe destacar, al igual que la obra Cervantina a la incomparable distopía de George Orwell.
Estimados, he aquí 1984 ¿Pero quién fue su autor, al que llamamos George
Orwell? Y ¿a qué nos referimos al decir distopía?
Ensayistas y
críticos como Orwell que estampan sus
pensamientos de forma creativa, son como “agujas en pajales”, más cuando se
trata de aquellos que en tiempos tan difíciles buscan el poder expresar ideas y
pensamientos en contra de un sistema beligerante que no les da cabida. George
criticó al totalitarismo. Fue un hombre que experimentó en carne propia la
injusticia social que vivía la clase trabajadora de Londres, capital de
Inglaterra. Y fue, de este modo, uno de los pocos que se atrevió a hablar sobre
la cruda realidad que se vivía entre la década del 30’ y el 40’ tras la
implementación de regímenes totalitarios, a través de una grandiosa herramienta
que denominamos literatura.
En cuanto a
la etimología del término distopía, decimos que se construyó a partir del
griego "distopía" (dis-topía), es decir, del prefijo adverbial
"dis" (mal) y del sustantivo "topos" (lugar), refiriéndose de este modo al concepto de
“antiutopía” que se describe como una sociedad ficticia indeseable, un mundo
contrario al que Tomás Moro creó en su obra titulada Utopía, concepto que él mismo fundó. Por lo general alude a miradas
desalentadoras y apocalípticas que son origen de la imaginación subordinada del
autor por la situación que enfrenta, vale decir, el mundo y sistema al que debe
apelar…
No quisiera
hacerme ilusiones, Doce cuentos
peregrinos me dejo con las ganas… ¡Pero qué más da, no metamos a todos a en
un mismo saco! Me parece estupendo conocer un mundo distinto, que bueno, si lo
vemos desde un punto de vista crítico, realmente no se aleja mucho de la
realidad, del poderío de algunos, de la inigualdad…
En fin, qué
les parece: otro libro, otra historia, ¡otro estilo! “Una distopía”…
¡interesantísimo!
Ya me comen
las “patitas” para ir a mi dormitorio a buscar el libro que me espera tan
impacientemente, o mejor dicho, “espero” tan impacientemente.
Junio es un
mes complicado. ¡Se nos junta todo en el liceo! Pero qué más da…
¿Leamos?
Intercambiemos estrés por un poco de diversión.
¡Por ti voy
1984!
Ps: Aquí les dejo un tráiler de lo que fue la película
de esta gran obra. Atrévanse, sería bueno que leyesen y luego vieran esta
producción.
Es lo que haré
en mis vacaciones de invierno…
0 comentarios:
Publicar un comentario