martes, 20 de agosto de 2013

He leído bastantes libros. Y me atrevería a decir que a la hora de los “qué hubo” puedo defenderme perfectamente entablando una buena y entretenida conversación. Sin embargo, a lo que voy, es que a pesar de mi variada y competente experiencia como lectora, no me había tropezado con un libro que hablara del sentimiento más popular entre nosotros los seres humanos: el amor.

Antes de leer, creí que serían solo teorías, frases en clave, lenguaje poético, ¡qué sé yo!, metáforas, enredos, bla bla bla… -Pero no, no es solo eso-. A medida que leo, me doy cuenta de que Erich Fromm sabe cómo utilizar su inteligencia. Y lo digo porque me he encontrado con muchas citas de autores que hablan sobre los temas que él analiza, ¡hasta con la Biblia!, utilizados como recursos para sustentar su tesis, entre ellos, contraargumentos de un tal Freud.

Hasta el momento, no me he quedado dormida leyendo, y eso es buena señal, créanme. Y ahora, estando sentada y meditando, creo que lo motivante es el tema. Es que, ¿para quién es ajeno? ¡Para nadie! Si desde el vientre de nuestra madre estamos desarrollando tal vínculo afectivo. Y déjenme decirles,  que al que oigo decir “yo nunca he amado” o “soy ajeno a ese sentimiento” no le creo para nada. Nadie lo es.  Ahora bien, a lo que sí encontraría razón o admitiría como verdadero es a la afirmación “no sé qué es el amor”. Quizás Erich busca enseñarnos qué es y cuáles son sus variantes, para que podamos desarrollar estos vínculos de manera positiva y bien encauzados, pero ¿quién me dice que lo que él aclara es cierto, siendo que él puede o no ser tan inexperto como yo?

El tema del amor es complicado. Y pienso que tanto como para mi hermana pequeña, mi madre o mi abuelo, también lo es. Sin embargo, hay que tener agallas para escribir un libro sobre este. Pues nada te asegura que lo que tú dices es verídico. Y existen tantas percepciones sobre el amor como hombres y mujeres en el mundo.  O es que díganme ustedes si todos desarrollamos nuestra sexualidad de la misma forma. Es claro que no, pues es ésta nuestra identidad y por consecuente propia y sin igual. Así mismo es como ocurre con este susodicho popular; para cada uno de nosotros es propio e incomparable a otro. Por ello es que en este instante me siento como “entre Tongoy y Los Vilos”. Por un lado, aprecio el atrevimiento de este distinguido autor al enfrentar su punto de vista ante la interminable gama del resto del mundo; hacerlo público mediante este libro, consciente de que muchos criticarán su postura. Pero por otro, analizo críticamente sus ideas puesto a que son “sus ideas”, de lo que “él ve”, y no la recopilación de cada uno de nosotros, seres humanos capaces de amar, y por ende, experimentar y opinar en cuanto a nuestras propias ideas acerca de este sentimiento (la verdad es que veo muy complicado el poder recopilar el veredicto de cada uno de los seres que habitamos esta tierra).

Al fin y al cabo, aun no acabo (me salió verso). Quién sabe, leyendo sus últimas páginas me caigo de espalda. Pero como sea, no sabré qué tal, si no sigo leyendo… 
El amor infantil sigue el principio: Amo porque me aman. El amor maduro obedece al principio: Me aman porque amo. El amor inmaduro dice: Te amo porque lo necesito. El amor maduro dice: Te necesito porque te amo.”
¿Cómo amas tú?

Ps.: Aquí les dejo un cortometraje titulado "Alas rotas". En él podrán ver el actuar de algunas personas ante este sentimiento que nos sonroja... ¡No se lo pierdan! 

0 comentarios:

Publicar un comentario